"Es menos exacto decir que amo a mi pais que decir que está continuamente en mis pensamientos, y que me mortifica constantemente."Mario Vargas Llosa
Hace ya unas semanas que algo me tironeaba de los pantalones y me decía que tenia que sentarme al teclado. Pero yo me resistía. Sabia lo que iba a escribir, sabia lo que me dolía decir, pero me resistía. Y así, como un pájaro negro, daba vueltas en círculo alrededor de este post, que con el corazón hecho un nudo sabia que tenia que escribir.
Y me siento un poco como un pájaro de mal agüero sentado acá, o acaso como ese cartero que nos golpea la puerta con el sombrero en la mano, y que no sabe como decirnos que el telegrama que tiene nuestro nombre es pesado, terrible. Un poco así me siento hoy. Y pienso en Vargas Llosa y en su Peru, y en nosotros y en nuestra Argentina, y pienso en una maldicion autoimpuesta en los paises de Latinoamerica. En "Un pez fuera del agua", el escritor se abre entero y cuenta por qué decidio postularse para presidente del Peru hace veinte años. Y en su relato, al exponer sus razones, extiende un manto que si no cubre a todos los que vivimos en el exterior y pendientes de nuestro pais, lo hace con casi todos. Como yo y como varios mas, Mario Vargas Llosa detesta el nacionalismo, el patrioterismo. Pero sin embargo, unidos por un hilito tricolor que nos ata los corazones, confesamos que lo que pasa en nuestros paises indefectiblemente nos causa mas alegria, mas pena, mas enojo y mas angustia, que cualquier cosa que pueda pasar en el pais en el que vivimos. Y por eso ruedan las lagrimas y se cierran los puños. Porque me causa angustia el ver que, por muchos años y mas alla del fulbito y de la carne, se habla de la Argentina como una horrible caricatura de un pais que se muere de a poco, como el Peru del escritor, "gracias a la imposibilidad de governarnos a nosotros mismos con un minimo de sentido comun."
Y es por eso que este escrito chorrea bronca espesa y pesimismo, y porque no tiene demasiado de nuevo en el. Porque habla de lo que todos sabemos, pero que no por ser sabido apesta menos. Pero lo que me duele es armarlo; traducir del diario al post debería de ser fácil: un mero comentario o un análisis de café bastan, ¿no? A veces si, pero no cuando lo que uno lee, y lo que intenta comprender, y lo que le duele decir esta mezclado con impotencia y enojo. Por eso escribo esto, por eso le escribo esto, señora Presidenta. Porque sé que usted, por medio de su legión de secuaces que leen, cortan, pegan, e informan en los pasillos del gobierno, habrá de oír de mi y de estas líneas. No será la primera vez que oiga mi nombre, y tampoco la ultima.
Me confunden los Kirchner. Me confunde su gobierno. Me confunden sus amistades, sus relaciones carnales y tirando a orgiásticas con algunos de nuestros vecinos latinoamericanos. Me confunde, y me da miedo, la carrera de ciegos al borde del abismo que, de la mano de Chávez, corremos desde hace un tiempo.
Me confunden ellos, sus amigos y sus compinches, por lo que han hecho con nuestro país. Y es una confusión que, en el camino que recorre desde mis adentros hasta este teclado, encuentra en su camino frustración, miedo, y mucho, mucho enojo. Odio, señora presidenta. Odio por su cobardía y su desfachatez, que cada vez que usted y su marido deciden esquivar, no responder preguntas, se mezcla con soberbia y abuso de poder… y qué tufo rancio que despiden. Odio el desparpajo, porque me duele saber que, en la Argentina, ningún periodista serio tiene la posibilidad de hacerle un par de preguntas honestas a Usted, nuestra presidenta electa… pero que usted está más que feliz a la hora de codearse con supermodelos que le hacen preguntas de futbol y de moda. Y no, señora presidenta, usted no es una ciempiés. Pero sí se viste por más de lo que vale una cuatro por cuatro. Y por mucho que le guste decirle a la prensa británica que usted se basa en cifras y no en palabras, y que los adjetivos "están muy sucios y manoseados estos días", tierra adentro quienes la votamos sabemos que la realidad es otra. Y de repente me acuerdo de la "oligarquía sojera" y del "boicot" de Clarín. Eso, señora presidenta, tiene una palabra: hipocresía.
Y por supuesto, ya que hablo de hipocresía, me permito traerle de vuelta a la memoria un nombre: Carlos Saúl Menem. Emblema de la corrupción de los noventa, usted y su marido le dieron con todo lo que había para darle durante las épocas que antecedían las elecciones: era obvio que después de la salida de la convertibilidad y de que la olla de los negociados se destapara, el estado calamitoso del país tendría un y solo un responsable: Carlos Saúl I, alias El Anticristo. Fue así entonces que su marido y usted misma decidieron arremangarse, descamisarse, y emprender la mesiánica misión de purgar a nuestras cámaras leguleyas y legislativas de todos los acólitos de Carlos Saúl, sacrílegos ellos al igual que su jefe, en pos de una Argentina mas pura, limpia, y progresista.
Y les creímos, señora presidenta. Les creímos. Y cuando la libertad de prensa empezó a tocarnos el hombro para avisarnos de negociados, y de gente que pese a su historial más que reprochable seguía paseándose por los pasillos del poder, muchos de nosotros decidimos ignorarla. Porque al fin y al cabo, en ese entonces pensamos, "ningún gobierno es perfecto", y "mire Ud. cuánto hemos progresado en estos últimos años…"
Pero cuando ya tomando el rol de la conciencia, y mostrándonos pruebas y recordándonos de otros indeseables que se resistían a irse, los diarios nos hablaban de terrenos comprados por su esposo (nuestro excelentisimo ex presidente) a una fracción del precio real en un lugar del mundo que de tan bello roza lo irreal, de un tal señor Albistur que tenia relaciones un tanto menos que sanas (para nosotros) con el entorno presidencial, de valijas con millones enviadas por remitentes secretos, de drogas, sexo, rocanroll y más y más drogas cortesía de nuestros hermanos mexicanos, y de una justicia a la que se le volvió a caer la venda…
Es ahí, es ahora mismo que llega el momento de preguntarnos, señora presidenta: ¿Cual es la diferencia entre el menemismo y el kirchnerismo, entre Carlos I y usted y su respetabilísimo marido? Si se me permite, señora presidenta, le diré una cosa. Déjeme darle la respuesta: El Kirchnerismo, ese movimiento titánico y bicéfalo que usted representa y co-encabeza, es dos, cien, mil veces peor que el Menemismo. Y no porque su gobierno está probando ser tan corrupto como el del senyor Menem y asociados, e igualmente de escandaloso y presto a la mentira. Sino porque usted y su marido, al llegar al sillón de Rivadavia hace más de cinco años, nos prometieron a mi y a 40.677.347 argentinos más que ustedes eran el cambio, la honestidad, el camino. Porque nosotros, en un trance de desesperación, necesidad y esperanza les creímos. Y porque ahora no puedo sino sentirme estupido, porque cinco años atras crei que mi voto, que nuestros votos podrian hacer la diferencia.
